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| 23/04/2006 |
| Destinos fueguinos |
| Estancia Harberton: historia viva |
Infoaustral visitó la primera estancia de la Tierra del Fuego. Harberton encierra leyendas, historias y un sinfín de momentos que pueden ser vividos por quienes deseen adentrarse en la Ruta J y llegar a la cuna de una obra cumbre como es “El Último Confín De La Tierra” escrito por Lucas Bridges. Admire la galería de imágenes que tomamos el domingo, cuando el cielo fueguino mostraba su azul más intenso. |
120 años desde que el ex Presidente Julio Argentino Roca le cedió al reverendo Thomas Bridges las tierras donde se emplaza desde entonces estancia Harberton. El nombre de este lugar es en honor del pueblo británico donde nació la esposa de Bridges.
Llegar a este pequeño poblado de casitas blancas de techos colorados es todo un placer visual. Más aún en esta época del año, donde los guindos, lengas y otras especies de flora tiñen el bosque de tonos que giran desde el verde al amarillo pasando por una gama de tonalidades no imaginadas siquiera por un artista plástico.
Este destino fueguino ocupa hoy nuestra atención. No solo por su atractivo físico, sino también por la historia que encierra entre sus callejuelas. Allí Thomas y su familia levantaron la primera estancia fueguina y la que, luego de más de un siglo de vida, contaría historias de los primeros habitantes de nuestra Tierra del Fuego. Los yámanas y shelk’nams.
En Harberton, un lugar muy agraciado, a unos sesenta kilómetros al este de Ushuaia, fundó una estancia dedicándose a la ganadería y trabajo durante muchas horas diarias en la confección de su diccionario monumental, el diccionario Yámana-Inglés escrito por el británico.
A 90 kilómetros al este de Ushuaia, por la Ruta Nacional Nº 3, se transita por el faldeo del Monte Olivia, el cual se observa imponente ante tanta cercanía. Continúa por el Valle Carbajal, que es donde se halla el turbal de mayor extensión de la isla, los centros invernales Altos del Valle, Valle de Los Huskies, Refugio Nunatak, Tierra Mayor, Las Cotorras y Complejo Cerro Castor, hasta llegar al pie del Rancho Hambre, donde nos encontramos con la ruta complementaria "J".
Se comienza a transitar un valle, hacia el este, donde se observan turbales, ríos y lagunas, además de una exquisita vegetación. La ruta se presenta angosta, de innumerables curvas y grandes pendientes; son 30 kilómetros de recorrido hasta Puerto Almanza.
Al llegar, como quien descorre un telón, se disfruta de un bello paisaje costero, un Canal de Beagle de aguas azul intenso, y sobre la costa sur, Puerto Williams (Chile) ubicado en la Isla Navarino.
Luego de atravesar por todas estas maravillas. Se llega a la Estancia Harberton.
La casa principal está ubicada en una bahía protegida. Su casco, conservado como antaño, está construido de madera y revestido de chapa. Destaca el excelente jardín que reúne la mayoría de las especies de la flora fueguina.
El viajero será invitado a pasear por la estancia y será informado de su actividad pasada y actual, se degusta un rico té con masitas hechas en la estancia.
Lamentablemente la temporada ya cerró para Harberton, pero entre sus atractivos se encuentra un imponente museo “Acatushún” del Proyecto AMMA. Aves y mamíferos marinos australes.
Para quienes hemos leído “El Último Confín De La Tierra” visitar este lugar es recorrer visualmente las interminables historias narradas por Lucas, pero pisando esa tierra, viendo esas casitas que antaño albergaron sueños de futuro, esperanza y caridad.
Estar en Harberton, es visitar nuestra historia y reconocer que no siempre el hombre blanco con su llegada, destruye, mata y roba.
Un libro que alimenta la historia: El Último Confín De La Tierra
Esteban Lucas Bridges nació en nuestra provincia en 1874, se crió entre los aborígenes yaganes en la estancia de su familia y con ellos convivió de un modo tal que no solo parendió su lengua, sus costumbres y tradiciones sino que también fue uno más entre los originales. Estableció también contacto con los selknam de los montes y estepas, convirtiéndose en su compañero de cacerías e iniciado en los rituales de aquella raza austral. Fruto de su conocimiento surgió su libro "El último confín de la tierra" (1952), obra cumbre y voluminosa que ha tenido ya varias ediciones, y que resulta pieza fundamental para el conocimiento de las desaparecidas etnias australes.
No solo es para conocer a los indios fueguinos, ni conocer pasajes sabrosos de su vida familiar y laboral, sino también aprender a amar a los primeros y verdaderos dueños de estas frías tierras.
Fragmento:
Lamento ahora haber dado tanta importancia a mi trabajo y a la formación de la estancia en Viamonte, mientras fui miembro de la Logia, pues ello me impidió asistir a muchas de sus reuniones. Los onas tenían más tiempo libre que yo. En las reuniones de Hain el factor tiempo no importaba. Se pasaban días enteros en charlas fútiles, organizando ceremonias aparentemente infantiles. No advertí que muy en breve estos ritos debían terminar para siempre. El avance de la civilización puso en descubierto el secreto de la Logia, tan celosamente guardado durante generaciones. Las mujeres se enteraron del engaño y los indios fueron inducidos, mediante algún dinero, a representar sus comedias ante auditorios de científicos. He visto fotografías en que los actores aparecen con el pelo corto y pintado como nunca lo estuvieron en mis tiempos. Otras fotografías que pretendían ser de primitivos onas salvajes probaban que muchos de los indios de las nuevas generaciones habían olvidado, si alguna vez lo supieron, la forma correcta de usar una piel de guanaco.
Las ceremonias de la Logia fueron manifestaciones de la evolución de una bella raza. Me he encontrado con blancos que daban fe de extrañas historias sobre la Tierra del Fuego. Uno sostenía haber encontrado en un lugar misterioso de la selva una gran piedra con indicios recientes de sacrificios humanos. Otro sabía de una cueva donde se depositaban guanacos jóvenes, pájaros gordos y otras delicadezas en homenaje a los dioses, ofrendas sin duda devoradas después por algún astuto sacerdote nativo. Recuerdo a un conferenciante que anunciaba con solemnidad a su auditorio: "Creen en un dios llamado Klokten". Imaginad a alguien hablando sobre la Marina, dijera: "Creen en un dios llamado Guardamarina".
Según otros supuestos exploradores, los onas también adoraban a Hyewhi, que quiere decir un canto o un cántico, y a un Joon, vocablo que he mencionado tan a menudo que no es necesario e traducir nuevamente.
La fauna marina: Museo Acatushún
Fue inaugurado el 10 de marzo de 2001 y su objetivo es promover la investigación de la biología básica y patología de mamíferos marinos, especialmente los pequeños cetáceos, y aves marinas de Tierra del Fuego y áreas adyacentes.
Acatushún es el nombre que le daban los antiguos habitantes yámanas al lugar de la bahía Harberton en el que se encuentra el museo, pero se desconoce su significado.
El museo es dirigido por la Dra. R. Natalie P. Goodall, bióloga especializada en la flora y fauna de la región.
La exhibición reproduce una escena submarina, con 22 especies de pequeños cetáceos (delfines, marsopas y zífidos), 5 de pinnípedos (lobos marinos y focas) y algunas aves, en paneles o pintados en las paredes en posiciones naturales, mostrando su pigmentación externa y sus esqueletos armados por delante. Otras exhibiciones muestran diferentes aspectos más detallados de estos animales, como por ejemplo sus deformidades óseas, dientes, barbas, aletas y cráneos.
Llegamos tarde ya que la temporada va de octubre a abril, pero no desesperamos ya que pronto podremos ver su muestra, y quién dice, poder dialogar con su fundadora.
Para más información: http://www.acatushun.com/
Con información de: www.surdelsurpatagonia.com, www.google.com.ar
Fotografías: Trebor y N.M.A.
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